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LAS FIGURAS DE LOS APOSTOLES, por Enrique Aguilar Luque

Relato interesado de una persona que las ha sentido,las ha llorado, las ha vestido y se siente atraído por ellas

Tratemos el título que le hemos dado a este artículo con el sentimiento propio de una persona normal, pontanés, por tanto inmerso más de la mitad de cada año en ese ambiente místico, amistoso, alegre, distendido que llena el Cuartel de todas las Corporaciones, Hermandades y Cofradías de nuestra Semana Santa. Seguro que me he dejado en el teclado algún calificativo más.

Igual que las demás, las figuras de Los Apóstoles tienen un halo propio o espíritu que las hace ser notables en cuanto hacen su aparición en los pocos desfiles procesionales en que intervienen, si comparamos sus actuaciones con otras Corporaciones.

Pero ¿que tienen de especial?. Para los que las hemos sudado, las hemos empapado y creo que también la mayoría de los espectadores, tienen ese misterio que les dan sus propios nombres, sus Hechos, sus martirios, el haber sido discípulos de Jesús, haber entendido su mensaje con dificultad, al menos hasta Pentecostés y haber soportado también una muerte violenta como les había anunciado el Maestro, al ser propagadores de su doctrina.

¿Nada más?. No. Hay más. Hay la transformación que se produce en las personas que visten sus ropas, se colocan rostrillos y pelucas y cogen sus martirios. En ese momento dejan de ser Rafael o Pepe y se transportan a otros tiempos. Se siente Andrés o Felipe, Santiago o Juan. Cuando llegan en Santa Catalina a la reverencia a Jesús el Nazareno, no es difícil escuchar a través de los rostrillos.... "Maestro, aquí me tienes un año más"

¿Es todo?. No todavía no. Es muy conocida y viene de muy antiguo la manera diferente de hacer sus desfiles procesionales. El hecho muchas veces repetido de no abandonar al Maestro en caso de lluvia estando Este en procesión. La inmovilidad de las figuras sin permitirse ellas, por propia voluntad, la más mínima concesión a lucimientos personales. No abundemos más en esto, por conocido. 

Hay otros aspectos de las figuras de Los Apóstoles que las hacen objeto de la atención de las personas que de cualquier forma participan en los desfiles procesionales ¿Puede ser el hecho de llevar el nombre de cada Apóstol en esa especie de diadema?. Puede ser. De hecho los que vestimos sus ropas oímos muchas veces el nombre de nuestra figura y de las más próximas. A veces con comentarios jocosos, acerca de algunos de los martirios. También los pequeños son aficionados a leer la parte del Credo que cada figura lleva en una placa metálica, con una cruz, cerca del corazón.

¿Y bien?. Bueno. Todavía queda que contar el sentimiento que en casi todos los hermanos de la Corporación aparecen cada año, cuando en las proximidades de la Semana Santa, un buen día aparecen en las mesas los rostrillos de los Apóstoles, para ser retocados. Es como si vieras al cabo de un año a un amigo íntimo al que aprecias sobremanera. Hemos visto muchas veces ojos empañados e infinidad de otras muchas, acariciar y besar el rostrillo del Apóstol preferido.

Y es que nos llenamos de un espíritu que es muy difícil de explicar para ser entendido en la parte material del mundo que vivimos. Que nos ayuda a ayudarnos y ayudar a otros y que nos hace sencillos como fueron aquellos pescadores a los que tratamos de imitar y de los que nos sentimos tan orgullosos.